Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (Beato Juan Pablo II)

martes, 15 de septiembre de 2009

Juan Pablo II en la Argentina 1987 (1)


Trataré de cumplir de la mejor manera posible con una deuda para con este blog. Algo que ya había prometido el año pasado! Se trata de la ultima parte de la segunda visita del Siervo de Dios Juan Pablo II al sur de América Latina: Uruguay, Chile, Argentina, en su octavo viaje a América Latina, cuando venia “sobre todo para dar gracias – decia -a dar gracias a Dios por la solución pacifica de la controversia entre argentina y Chile” . Y dar gracias tambien a las autoridades civiles y eclesiásticas de Uruguay “pues el inicio del proceso de Mediación fue tomada en Montevideo, capital de Uruguay” y por eso le “ pareció oportuno comenzar desde esa ciudad el viaje de acción de gracias” Allí celebro la Eucaristía de acción de gracias en la gran explanada “Tres Cruces”
Se ha publicado ya en este blog la visita a Uruguay
y la visita a Chile
Solo faltaba cubrir el último tramo de su visita a nuestra patria Argentina.
Ya en 1978, ni bien asumía la Sede de Pedro el Siervo de Dios Juan Pablo II había evitado un enfrentamiento insensato con nuestros hermanos chilenos por cuestiones limítrofes. En octubre del año pasado recordamos los 30 años de aquella mediación exitosa por un conflicto desencadenado a fines de 1978

En 1982 tuvimos el privilegio de su primera visita que el después recordaba con palabras de inmenso cariño en el Ángelus del 13 de junio de 1982,
Y en abril de 1987 el “Mensajero de la Paz” estaba nuevamente entre nosotros. Vivìamos tiempos diferentes, nada fáciles. Estábamos aprendiendo a vivir en democracia y en paz. Y los argentinos lo recibíamos con gozo y esperanza, como expresara el cardenal Aramburu: “un canto, una sola voz, un clamor pleno de esperanza coreó al unísono en toda la Argentina” decía el El Libro de Oro de publicado por Esquiu.
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En su primer mensaje de saludo al pueblo argentino el lunes 6 de abril el mismo nos recordaba aquella primera visita de 1982, “en momentos particularmente difíciles”. Y ahora volvía para “seguir cumpliendo la misión, que el Señor me ha encomendado, de evangelizar y ser Maestro de la fe”. Y en su saludo recordaba que este viaje tenia además “ un sentido peculiar de gratitud al Señor por el don de la paz entre dos pueblos hermanos de uno y otro lado de los Andes.” Y nos decia que le hubiese gustado “saludar personalmente a todos los argentinos y oírles hablar con los variados acentos de las diversas regiones. Dado que el tiempo, necesariamente limitado, no se lo permitía quería que “sepan los argentinos que habitan desde la Quebrada del Humahuaca, hasta Ushuaia, desde el Aconcagua hasta las cataratas del Iguazú, que a todos los llevo estos días muy dentro en mi corazón, que por todos pido en mis oraciones y que, dondequiera que me encuentre, a todos van dirigidos mi mensaje y mi palabra, que quieren ser luz para las conciencias y aliento para caminar por el sendero de la esperanza.”. A todos nos tenia presente, pero en especial y de “de modo particular a los jóvenes argentinos y a los que vendrán desde otros países” porque juntos celebrarían el Domingo de Ramos la Jornada mundial de la Juventud..
Fue un viaje extenso y tremendamente denso. Hasta el calor climático motivo de una anécdota de Juan Pablo II “aquí hace mas calor que en Antofagasta”, expresión que ante el entusiasmo del publico debió aclarar se refería tan solo al climaJ. En los dias que estuvo en la Argentina (6 al 12 de abril) su peregrinar lo llevo a recorrer miles de kms, visitar nueve provincias y la Capital Federal. Se calculaba entonces que unos 4.000.000 millones de personas fueron testigo de su paso y sus actos. Aquí en las diferentes homilías y discursos trató todos los temas, aun los más conflictivos. Se encontró con obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas, laicos consagrados y agentes de pastoral, diplomáticos, políticos, trabajadores y sindicalistas, ruralistas, inmigrantes, carenciados, enfermos, aborígenes, empresarios y representantes del mundo de la cultura. Según el minucioso informe cronológico de AICA fueron días en los que “la Argentina vivió uno de los acontecimientos más trascendentales de su historia religiosa!”

El Papa Juan Pablo II venia a anunciarnos personalmente“el mensaje del Evangelio, el mismo mensaje que predicaron en estas tierras hace ya casi quinientos años, los primeros misioneros llegados de España”.
Y consagraba nuestra vida y nuestro futuro a Nuestra Señora de Lujan.

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