Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (Beato Juan Pablo II)

viernes, 13 de abril de 2012

Juan Pablo II en la Argentina 1987 (24) Domingo de Ramos, Clausura de la JMJ 1987 y despedida - hace 25 años


Ayer 12 de abril recordamos su partida….ya no volvería, pero se quedaba con nosotros, en nuestros corazones para siempre.

Sin quitarle importancia a las visitas realizadas durante la febril actividad de la semana,  aquel Domingo de Ramos de 1987 (y la anoche anterior – la noche de la Vigilia de los Jóvenes)  el pueblo de Dios de la Argentina pudo vivenciar el regalo con el que culminaba su visita:  una multitud de jóvenes fervientes y entusiastas de la Argentina y del mundo (alrededor de  un millón) 


participando de una ceremonia  que era presidida por la gran cruz , aquella que había encabezado todas las ceremonias del Año Santo de la Redención y que el Domingo de Resurrección el Santo Padre entregara “a un grupo de jóvenes, diciéndoles: “Queridísimos jóvenes, al final del Año Santo os confío el signo mismo de este Año Jubilar. ¡La cruz de Cristo! Llevadla por el mundo como señal del amor de nuestro Señor Jesucristo a la humanidad, y anunciad a todos que sólo en Cristo muerto y resucitado está la salvación y la redención”.  

La JMJ 1987 fue honrada con otro privilegio: presente también estaba la autentica imagen de nuestra Madre de Lujan, traída en procesión por los jóvenes desde Lujan para la clausura de la Jornada Mundial de la Juventud.  Además era la primera vez en la historia moderna del papado que el Santo Padre no celebraba la fiesta de Ramos en Roma,  fue verdaderamente un Domingo de Ramos muy especial.

En su homilía el Papa recordaba los comienzos de las JMJ: “En el Año Santo de la Redención 1983-1984, multitud de jóvenes de distintos países y continentes acudieron en peregrinación a Roma, el Domingo de Ramos, para celebrar aquel Jubileo conmigo. Fue una jornada maravillosa e inolvidable, que volvimos a revivir el año siguiente, con ocasión del Año Internacional de la Juventud. Desde entonces el Domingo de Ramos ha sido proclamado como Jornada de la Juventud para la Iglesia, en todo el mundo. Este año la vivimos juntos aquí, en Buenos Aires…”


En una homilía,  que sin dudas,  debe leerse completa terminaba diciéndonos:
“Dejaos abrazar por el misterio del Hijo del hombre, por el misterio de Cristo muerto y resucitado. ¡Dejaos abrazar por el misterio pascual!
Dejad que este misterio penetre, hasta el fondo, en vuestras vidas, en vuestra conciencia, en vuestra sensibilidad, en vuestros corazones, de modo que dé el verdadero sentido a toda vuestra conducta.
El misterio pascual es misterio salvífico, creador. Sólo desde el misterio de Cristo puede entenderse plenamente al hombre; sólo desde Cristo muerto y resucitado puede el hombre comprender su vocación divina y alcanzar su destino último y definitivo.
Dejad, pues, que el misterio pascual actúe en vosotros. Para el hombre, y especialmente para el joven, es esencial conocerse a sí mismo, saber cuál es su valor, su verdadero valor, cuál es el significado de su existencia, de su vida, saber cuál es su vocación. Sólo así puede definir el sentido de su propia vida.
Sólo acogiendo el misterio pascual en vuestras vidas podréis “responder a cualquiera que os pida razón de la esperanza que está en vosotros” (1P 3, 15). Sólo acogiendo a Cristo, muerto y resucitado, podréis responder a los grandes y nobles anhelos de vuestro corazón.
¡Jóvenes: Cristo, la Iglesia, el mundo esperan el testimonio de vuestras vidas, fundadas en la verdad que Cristo nos ha revelado!
¡Jóvenes: El Papa os agradece vuestro testimonio, y os anima a que seáis siempre testigos del amor de Dios, sembradores de esperanza y constructores de paz!
“Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna” (Jn 6, 68).
Aquel que se entregó a Sí mismo haciéndose obediente hasta la muerte de cruz, El solo tiene palabras de vida eterna.
Acoged sus palabras. Aprendedlas. Edificad vuestras vidas teniendo siempre presentes las palabras y la vida de Cristo. Más aún: aprended a ser Cristo mismo, identificados con El en todo.”
Al terminar la misa, el Papa «envió» a los jóvenes al mundo y dio una cruz a cinco representantes de los cinco continentes. Luego Su Santidad rezo el Ángelus 
con los fieles y dirigiéndose a la imagen de la Virgen de Luján  pronunció el  Acto de consagración a Nuestra Señora ante Ella. 


Terminada la ceremonia del Domingo de Ramos y finalizada la JMJ 1987 el Santo Padre Juan Pablo II se trasladó en papamóvil a la sede de la Conferencia Episcopal Argentina. Luego tuvo un encuentro con el mundo de la cultura argentina en el Teatro Colón

Ya en el aeropuerto de Ezeiza pronuncio un breve discurso de despedida y partió….. 



no sin antes decirnos: “Podéis estar seguros de que os llevo a todos muy dentro de mi corazón”  impartiéndonos la su Bendición Apostólica.

¡Hasta siempre, Argentina!  
fueron sus últimas palabras.


Invito leer una breve reseña de  las dos visitas apostólicas del Beato Juan Pablo II a la Argentina en AICA 

En el sitio de la Conferencia Episcopal Argentina el “comunicado-agradecimiento” Iglesia en la Argentina Levántate! emitido después de la visita del Santo Padre. (mayo 1987) h

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