
Buscadle a través de la oración, en el diálogo sincero y asiduo con El. Hacedle partícipe de los interrogantes que os van planteando los problemas y proyectos propios de vuestra juventud y el futuro de vuestra patria. Buscadle en su Palabra, en los santos Evangelios, y en la vida litúrgica de la Iglesia. Acudid a los sacramentos. Abrid con confianza vuestras aspiraciones más intimas al amor de Cristo, que os espera en la Eucaristía. Hallaréis respuesta a todas vuestras inquietudes y veréis con gozo que la coherencia de vida que El os pide es la puerta para lograr la realización de los más nobles deseos de vuestra alma joven…
Jóvenes del Paraguay, con las mismas palabras de Cristo, yo os digo: amad al Señor con todo vuestro corazón, con toda vuestra alma y con toda vuestra mente…..
Jóvenes paraguayos, no dejéis que destruyan vuestro futuro, ¡no os dejéis arrebatar la riqueza del amor! Asegurad vuestra fidelidad, la de vuestras futuras familias que formaréis en el amor de Cristo….Sed generosos en la entrega a vuestros hermanos; sed generosos en el sacrificio por los demás y en el trabajo; sed generosos en el cumplimiento de vuestras obligaciones familiares y cívicas; sed generosos en la construcción de la civilización del amor. Y, sobre todo, si alguno de vosotros siente una llamada a seguirle más de cerca, a dedicarle el corazón entero, como los Apóstoles Juan y Pablo, que sea generoso, que no tenga miedo, porque no hay nada que temer cuando el premio que espera es Dios mismo, a quien, a veces sin saberlo, todo joven busca…
Che corazoité güivé, po mo maitei ha aipotá peeme guará mborayhu, tekovoyá ha yekopyty! (Os saludo de todo corazón y deseo para todos vosotros amor, justicia y concordia)”
Y finalmente llegó la despedida…..Habia venido ante todo a resembrar la semilla de la Palabra divina que habia sido "sembrada en estas benditas tierras hacia casi quinientos años" …y se habia unido a todos en acción de gracias por la llegada del Evangelio.
Se despedia del pueblo paraguayo que habia llamado “digno heredero de aquellos hombres y mujeres que os trajeron la semilla de la fe” con el deseo de “continuar esta conversación con cada uno! Mirando a los jóvenes queria transmitirles el “sígueme” del Señor (cf. Mc 10, 21). Entrando en cada uno de vuestros hogares – les decía - quisiera sentirme envuelto por vuestra religiosidad y, al mismo tiempo, llamaros a seguir con fidelidad y generosidad las enseñanzas evangélicas. Quisiera hablar de tú a tú con todos los que buscáis la verdad, la luz, el bien. Quisiera comunicarme con todos los que sufrís la soledad, el dolor o la marginación, para anunciaros que podéis “completar los sufrimientos de Cristo por el bien de su cuerpo que es la Iglesia”(Col 1, 24). Quisiera sembrar en el corazón de cada católico paraguayo todo el Evangelio, para que fructifique el ciento por uno, hasta el punto de que cada bautizado se convierta en un santo y en un apóstol”.
Se despedía el dia de su cumpleaños - 18 de mayo de 1988 con un emotivo:
¡Queridos hijos del Paraguay! El Papa se marcha pero os lleva en su corazón. ¡Hasta siempre!

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