Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (Beato Juan Pablo II)

lunes, 25 de agosto de 2008

Juan Pablo II y Juan Pablo I


El 25 de agosto de 1978 se reúne el Conclave para elegir sucesor al Santo Padre Pablo VI y el 26 de agosto el Colegio de Cardenales elegía a Albino Luciani, quien como Pastor de la Iglesia adoptó el nombre de Juan Pablo I.
Albino Luciani fue elegido en la cuarta votación el 26 de agosto, segundo día del Cónclave. Hombre de gustos simples y gran bondad, introdujo cambios en costumbres y usos tradicionales, como por ej . el singular “yo” a cambio del plural “nosotros”, rehusó la coronación iniciando su pontificado con una simple ceremonia. Mantuvo su lema episcopal Humilitas en su escudo papal.
George Weigel comenta en Testigo de Esperanza que fue durante este Cónclave que se encontraron por primera vez el joven Cardenal Ratzinger, que entonces tenia 51 años y Karol Wojtyla de 58 y que allí descubrieron que su análisis acerca de la situación de la Iglesia era muy similar.


En el Angelus del 24 de agosto de 1980 el Santo Padre Juan Pablo II basándose en las palabras de (Jn 14, 6) "Yo soy el camino, la verdad y la vida; nadie viene al Padre sino por Mí" recordaba a al Papa Juan Pablo I quien había sido llamado a la Cátedra de Pedro hacia dos años. Y “evocando esa fecha, queremos una vez más meditar sobre los inescrutables designios de la Providencia divina. He aquí, en efecto, que después de sólo treinta y tres días de tarea pastoral en la Sede romana, le fue concedido "ir al Padre" - decìa el Santo Padre - por el camino que es el mismo Cristo: camino, verdad y vida. Por tanto, mediante Cristo, fue al Padre aquel excepcional siervo de los siervos de Dios, al cual Cristo, en esa etapa última de la vida ―etapa de pocos días― confió su Iglesia, su redil en la tierra, para que se manifestase, aunque sólo fuera en tan breve período, la bondad y la solicitud pastoral, de que estaba lleno su corazón. Un corazón de buen samaritano”.
Explicaba el concepto aplicado de buen samaritano recordando que “siendo todavía obispo de Vittorio Veneto, daba ejercicios espirituales a los sacerdotes, solía basarlos completamente en la parábola evangélica del misericordioso samaritano. Y ciertamente con ese espíritu - con el espíritu del buen samaritano subió también a la Sede romana de San Pedro - deseaba servir a toda la Iglesia. Ese fue su espíritu – decía el Santo Padre - Lo pudieron intuir, sin equivocarse, quienes conocieron, primeramente al cardenal Albino Luciani y, luego, al Papa Juan Pablo I”. Recordó también su visita a Canale d'Agordo, lugar de nacimiento de Juan Pablo I y Belluno, su diócesis.

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