Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (Beato Juan Pablo II)

martes, 29 de enero de 2008

Auschwitz 60º aniversario 27 de enero 2005


El cardenal Jean-Marie Lustiger (fallecido el 5 de agosto 2007) nacido judio, convertido al catolicismo, fue el enviado especial de Juan Pablo II para los actos del 27 de enero de 2005 conmemorando el 60º aniversario de la liberación de prisioneros de Auschwitz.
Se cumplian sesenta años de la liberación de los prisioneros del campo de exterminio de Auschwitz-Birkenau y Juan Pablo II se “inclinaba ante todos los que experimentaron aquella manifestación del mysterium iniquitatis” recordando que cuando visitó como peregrino el campo de Auschwitz-Birkenau en 1979.

A nadie le es lícito pasar delante de esta lápida con indiferencia" dijo reiterando lo ya dicho en su homilía del 7 de junio de 1979 durante su visita, al ir pasando de lápida en lápida escritas en distintas lenguas. “Aquel intento de destruir de modo programado a todo un pueblo se extiende como una sombra sobre Europa y sobre el mundo entero; es un crimen que mancha para siempre la historia de la humanidad. Que esto sirva, al menos hoy y en el futuro, como una advertencia: no se debe ceder ante las ideologías que justifican la posibilidad de pisotear la dignidad humana a causa de la diversidad de raza, de color de la piel, de lengua o de religión

Auschwitz (Oswiecim) y Birkenau (aldea de Brzezinka) fueron centros de terror y genocidio durante los 5 años que duro la II Guerra Mundial. Auschwitz (que debe su nombre a la ciudad polaca de Oswiecim), creado en 1940, en principio destinado a los prisioneros politicos polacos, se convirtió mas tarde en un campo internacional y ampliado a una red de campos I, II y III.

Como digo en mi pagina web de mi viaje del 2005 la entrada al lugar un lindo dia soleado parece sacada de un cuadro impresionista, pero les puedo asegurar que ir de barraca en barraca supera cualquier ficción o pintura más elocuente, lo supera completamente.
Visitar las barracas, ahora Museo, organizados en grandes “vidrieras” y mirar boquiabierto, horrorizado esas montañas de zapatos, anteojos, ropa de adultos, niños y bebés, cabello, cepillos, cacerolas y elementos de cocina pequeños, latas de gas Zyklon B.... etc y asociar cada elemento con un ser humano es sencillamente escalofriante. Ni hablar de los bloques de la muerte, el paredón de fusilamento, el crematorio, la cámara de gas dentro de este gran infierno detrás de una entrada sarcásticamente identificada en la frase “Arbeit macht frei” (El trabajo libera). No hay palabras para expresarlo. Solo queda inclinarse ante aquella manifestación del mysterium iniquitatis como lo hizo Juan Pablo II.


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