Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (Beato Juan Pablo II)

miércoles, 30 de enero de 2008

Juan Pablo II en Ecuador 1985


Había dejado atrás su peregrinación por Venezuela y el mismo dia 29 de enero de 1985 Juan Pablo II llegaba al aeropuerto de la ciudad de Quito, la reliquia de la historia de América, patrimonio histórico y cultural de la humanidad.

Se encontraba en el centro geográfico del mundo. Dias antes de partir de Roma habia enviado un mensaje radiotelevisivo al pueblo y episcopado ecuatoriano anticipando su visita “cuando se conmemoraban los 450 años de la primera predicación del Evangelio ypronto a cumplirse el V Centenario del descubrimiento y evangelización de América”.

Durante los activos cuatro días de su peregrinación, concentrada geográficamente en las ciudades de Quito, Latacunga, Cuenca y Guayaquil, se reunió con el episcopado en la Catedral de Quito, que se habia vestido de gala y donde tuvo lugar el acto de consagración oficial y pública de la Nación al Corazón divino del Redentor, con los jóvenes en el estadio olimpico “Atahualpa”, con las religiosas en la Basílica del Voto Nacional, con el mundo de la cultura en la iglesia de “La Compañia”, con los trabajadores en la plaza de San Francisco, con los indígenas en el aeropuerto de Latacunga y visitaria el Guasmo de Guayaquil. Presidiría la ceremonia de beatificación de la madre fundadora de las religiosas marianitas, Beata Mercedes de Jesús Molina y celebraría la Santa Misa en el 450 aniversario de la evangelizacion de Ecuador al dia siguiente de su llegada, y el 31 la Santa Misa en el parque Miraflores.

En su discurso a la llegada al aeropuerto de Quito expresó su alegria en pisar suelo ecuatoriano y puso en “las manos de la Virgen Santísima, Nuestra Madre, las intenciones de mí viaje apostólico, mientras ya desde ahora, a todos los ecuatorianos, del campo y de la ciudad, de la sierra, de la selva y de la costa, del Carchi a Macará, de las Islas Galápagos, imparto de corazón mi afectuosa Bendición Apostólica”

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